Una
fría brisa se deslizó por la abertura de su vestido, a lo lejos oyó el chirrido
del mar y unos largos dreads enredados en su cuello no la dejaban respirar. Se
levantó de la banca mientras caían los brazos que la rodeaban, trató de dar dos
pasos hacia adelante, pero no pudo continuar. Era la primera vez que sentía que
el Puente de los Suspiros se movía al compás de su cabeza.
El
nombre del puente deriva de los innumerables romances que tuvieron y tienen
como marco este pintoresco rincón de Barranco. Se construyó en 1876 como
necesidad primordial para unir el límite de las calles Ayacucho y La Ermita.
Esta vez la joven no transitaba por ninguno de estos jirones, pero como este
distrito es muy pequeño acabó entre las crujientes maderas del famoso puente.
Antes
de amanecer en esa banca, disfrutó toda la noche en la ‘Peña Poggi’. Un
concurrido bar barranquino, donde se presenta lo mejor de la escena musical
limeña. El público asistente parecía haberse quedado en los años setenta.
Chicos de largos cabellos rastas, jovencitas con vestidos floreados, rockeros
con botas estilo grunge y algún desubicado en corbata. El estelar de la fiesta
fue el ‘Duelo de Titanes’, a cargo de ‘La Inédita’ con su chichamuffin y ‘La
Nueva Invasión’ con su rock - fusión.
El
Puente de los Suspiros es histórico, ya que fue testigo de la Guerra del
Pacífico y soportó la destrucción de Barranco en manos de tropas chilenas, que incendiaron parte del
puente. Además resistió el terremoto de 1940, aunque lo recortaron de un borde
para no perjudicarlo del todo.
Setenta
años después, el único terremoto era el de la cabeza de la jovencita. Luego de
quedarse inmóvil por unos minutos, avanzó hasta la calle Ayacucho. En esta ocasión
ya no la acompañaba ninguna melodía de reggae o rock, tan solo era el trinar de
una guitarra que entonaba el vals en honor al suspirante puente.

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