Para donde corres, sino puedes escaparte así.
Si te vas a ocultar, eso no te va a resultar.
El tiempo dirá, cada uno a su juego otra vez.
Para donde corres, sino puedes escaparte así.
Andrea
siempre piensa mucho antes de escribir, desconfía en lo que redacta. Hacerlo es
un sufrimiento, un proceso muy desgarrador y bastante doloroso. Lee y relee lo
escrito, borra cada línea que le sale con facilidad. Corrige cada palabra, la
revisa las veces que sea suficiente y hasta que por fin la da por acertada. Alguna
vez escuchó esta frase a un periodista: “Escribir no es un placer, no es una
labor divertida, sin embargo eso no me deja de apasionar”. Todas las noches considera
la posibilidad de abandonar esta rutina, no sabe si esto es lo que quiere para toda
la vida.
Lleva
dos años estudiando Ciencias de la Comunicación en la universidad que nunca
imaginó. Todas las mañanas se levanta arrepentida por haberse cambiado al
primer turno. La tortura continúa cuando se da cuenta que solo falta dos meses
para que acabe el año y el tiempo es muy corto para elegir una especialidad
entre las cuatro que ofrece su carrera.
Cuando
creía que los días de decidir su futuro estaban lejanos, solo atinaba a decir
frescamente: “Me tomaré un año sabático para pensarlo, aún soy joven”. Ahora esta
actitud ya no le sirve, puesto que tiene la necesidad de trabajar, porque ya no
quiere vivir de la caridad de sus padres.
Si
redactar se le hace difícil, el sufrimiento es peor cuando tiene que escribir
sobre ella. Detesta la idea de que la lean y la juzguen sin saber como ni
cuando compuso ese relato. Pero si llega a ser periodista, no puede seguir con
la misma actitud. Aún no encuentra el porqué de su postura, las dudas siguen
alimentando su desdicha.
¿A
caso tiene miedo de descubrir algo que no quiera oír? ¿El temor que se apodera
de ella, es pánico a sí misma? Parece que nunca lo sabrá, por ahora sigue
escribiendo algo que le dicen escalera de abstracción. No le quedó muy claro el
concepto, solo escribe para seguir soportando su incertidumbre.




