domingo, 2 de diciembre de 2012

UN PALACIO EN LA CIUDAD


"Recuerdo que cuando era chiquita, venía con mis hermanas a las funciones de teatro que se realizaban en el palacio. Que pena que ahora esté completamente abandonado"

Mi mamá

Callejones coloridos, pistas mojadas, policías con el ceño fruncido que resguardaban los globos con agua y una imponente quinta deshabitada. Así era un domingo de carnavales del pasado siglo en el jirón Chira (Rímac). Todos los años en el mes de febrero la Quinta Presa era adornada por carcajadas infantiles, cánticos criollos y decenas de familias almorzando a fuera de cada solar bajopontino.

En sus inicios la Quinta Presa fue una hacienda con un molino de granos, para luego pasar a ser uno de pólvora en el siglo XVIII. En 1727 fue propiedad de doña Isabel de Presa, quién le heredó la finca a su sobrino el coronel del Ejército Real Pedro Carrillo de Albornoz y Bravo de Lagunas. Este construyó la casa y en honor a su tía le da el nombre de Quinta Presa.

El área del latifundio comprende más de 15 mil metros cuadrados. En la edificación emplearon adobe, ladrillos, piedras, azulejos y finas maderas. La construcción es en forma de U, a la derecha se aprecia lo que fue el molino, almacén y depósito de granos. A la casa se llega mediante una escalinata que se alza sobre un bellísimo canal de piedra donde antes circulaban aguas provenientes del río Rímac. A la izquierda de la puerta principal se encuentra una sólida escalera, esta dirige a un amplio corredor que ofrece una vista panorámica de todo el conjunto. Desde lo alto se observa los jardines, el mirador, una glorieta y un quiosco donde se realizaba la pisa de uva. Además hay diversas habitaciones como salones, dormitorios y una capilla.



Era 1770, tiempo del gobierno de Manuel de Amat y Juniet. “Entre el virrey y el coronel existía una gran amistad. Entonces gracias a la participación de Amat quedó edificada esta famosa quinta pero absolutamente nada tuvo que ver con doña Micaela Villegas, la Perricholi. Ella tan solo venía como invitada a los banquetes que se organizaban en la casa”, revela Ernesto Ascher en su libro Curiosidades Limeñas.

La Quinta Presa es un verdadero palacio que ostenta ser la única casona en el Perú de estilo barroco francés o rococó. Los usos que se le dio a la quinta han variado a través de los años. “A partir de la mitad del siglo XIX, el Rímac se transformó en un barrio popular, perdiendo todo su contexto rural y paisajístico. Es así que el uso turístico de la quinta es casi nulo”, señala el portal del Programa ‘Patrimonio para el Desarrollo’ de la Agencia Española de Cooperación Internacional para el Desarrollo (AECID).

En 1935 se creó en el segundo piso del palacio el Museo del Virreinato, donde mostraban: muebles, lienzos, adornos, prendas coloniales, una tina de mármol y espejos de finos acabados; no obstante en la actualidad nada de lo mencionado queda, tan solo se puede observar ventadas empolvadas, puertas deterioradas y paredes desnudas. Llegó la década del 70 y la Quinta Presa fue declarada Monumento Histórico Nacional, sin embargo en 1981 el Instituto Nacional de Cultura (INC) -hoy Ministerio de Cultura- demolió parte del ala izquierda de la casa para adecuarla a uso administrativo, pero no concluyeron la obra.

Finalmente en los noventa fue centro de la Escuela Taller de Lima (ETL), este es un proyecto de Cooperación al desarrollo, cuyo objetivo es la formación técnica de jóvenes de escasos recursos en actividades relacionadas con la recuperación de Patrimonios culturales y naturales. La ETL junto al INC restauraron la casona, lograron recuperar el edificio principal, el molino, el jardín interior, el conjunto de bienes mueble de la casa, el huerto y los espacios exteriores. Pero en 1995 los trabajos quedaron interrumpidos por la ausencia del proyecto museográfico al que se había comprometido el INC.


Actualmente la Quinta Presa está desocupada, cayéndose de a pocos en las narices del Estado. Los únicos que sienten cierta preocupación son los miembros de la familia que cuida la casona hace más de veinte años. Es muy difícil ingresar, hay restricciones por parte del Ministerio de Cultura, quiénes administran la quinta. Sin embargo si se pide permiso a esta entidad puede ser que accedan, aunque siempre pondrán peros a cualquier visita, ya que no desean que el público se entere del deplorable estado en el que se encuentra este Monumento Histórico. La Municipalidad de Lima dice haber destinado una cantidad de dinero para la restauración de la casona. Ojalá que no quede en palabras ¡Queremos hechos!

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