martes, 6 de noviembre de 2012

MISTER LENNON



"Aún lloro cada vez que escucho Imagine, es como si lo tuviera a lado. Toda mi juventud la dediqué a la bohemia,  junto a él" (El señor que me vende los LP en Quilca)


Vivo o muerto siempre será inmortal. Escucharlo es inevitable, incluso hasta el más despistado se daría cuenta del dolor placentero que sentía al cantar. El contorsionismo de su rostro reflejaba la pasión con la que interpretaba cada nota musical. Han pasado 32 años de la muerte de John Lennon (1940-1980) y su dulce voz aún sigue penetrando en los tímpanos más recios.

"Yo no tengo miedo de vivir en Nueva York. A mí nunca me han atacado, nunca me han molestado. Lo único que me pasa es que, de vez en cuando, alguien me detiene en la calle para pedirme un autógrafo. Y eso para mí no es molestia. Al contrario, me hace sentir bien...”, palabras que en su momento pasaron desapercibidas. Su espigada postura, lentes redondos y ropa holgada hacía de él alguien extrovertido. Sin embargo, no solo era el físico, también sus pensamientos y declaraciones que en aquella época no tenían un lugar privilegiado.

Los rítmicos (traducción de The Beatles) eran asediados continuamente. La adoración que despertaban sus integrantes era extrema. Cada canción superficial, las que hablaban de amor y más amor banal era un éxito rotundo, de repente ese fue el detonante para que John dejara la agrupación en 1970.

No obstante en 1966, catorce años antes del asesinato, John Lennon firmó -lo que muchos piensan- su sentencia de muerte. En el periódico ‘The Evening Saturday’, se difundió una entrevista realizada por la periodista Maureen Cleave, donde John acotó: “El cristianismo se irá, se desvanecerá y se hará más pequeño. No necesito discutirlo. Estoy en lo correcto y lo probaré. Los Beatles somos más populares que Jesucristo en este momento”.

Mientras el ex Beatle afianzaba su ego, en Atlanta había un niño cristiano de once años llamado Mark David Chapman que empezaba a transformar su fanatismo en rencor. Este personaje nació en Fort Worth, Texas  (1955). Tuvo una vida muy problemática, cuando fue adolescente huyó de casa y acabó sometido bajo los estupefacientes. Chapman admiraba mucho a Los Beatles y trataba de imitarlos junto a su banda. En 1977 intentó suicidarse, sin embargo recurrió a ayuda psiquiátrica.

Semanas antes del asesinato, Mark David Chapman planeó y calculó todo lo que haría el 8 de diciembre de 1980. Aquella fecha esperó todo el día a fuera del Edificio Dakota, lugar donde años atrás Roman Polanski filmó la película ‘El bebé de Rosemary’.

A las 5 de la tarde de aquel fatídico día, John y Yoko salieron de su domicilio rumbo al estudio de grabación Record Plan. Cuando de pronto un joven alto y robusto se acercó a John con una copia del disco ‘Double Fantasy’ y le pidió que se lo firmara. John muy amablemente accedió a la petición de Chapman. Así autografió su último disco, este hecho fue capturado por Paul Goresh, un fotógrafo aficionado.

La pareja se dirigió al estudio, donde permanecieron más de cinco horas. Esa tarde, John grabó su último suspiro melódico, el cual decía: “En la cuerda floja, estoy pagando el precio. Lanzaré los dados al aire ¿Por qué debemos aprender de la manera difícil y jugar el juego de la vida con el corazón?”. Letra que pertenece a la canción ‘Walking on thin ice’, pero se sospecha que es un sencillo de la autoría de Yoko Ono.

A las 10:50 de esa fría noche,  Lennon y Ono regresaron a casa. Yoko se adelantó y pasó por el costado de Mark, a quien saludó gentilmente. John llegó cansadísimo del estudio y solo miró de reojo a su asesino. La pareja estaba por ingresar al edificio y desde la desierta calle se escuchó una voz gruesa que susurraba muy fuerte: “Mister Lennon”. Al mismo tiempo Chapman disparó cinco tiros, de los cuales cuatro le cayeron en la espalda y el hombro, mientras que el último fue la desgracia total, ya que le atravesó la aorta, lo que causó la temprana muerte de este genio musical.

Mark David Chapman permaneció de pie, mirando la escena. Extrajo el libro ‘El guardián del centeno’ -del cual dicen que fue su inspiración para el asesinato- e intentó leerlo pero no lo consiguió, ya que poco a poco los curiosos iban colmando la Calle 82. La ambulancia demoró en llegar, así que un agente policial identificado como John Moran decidió trasladarlo al hospital en su patrulla. John Lennon llega al nosocomio Roosevelt y a las 11:20 fue declarado muerto.

La histeria que despertó este asesinato fue mundial, se apagó su voz pero nació el mito. Los motivos de la muerte aún no quedan claros, se tejen varias sospechas, una de estas es la narrada. No obstante como dijo el mismo Lennon en ‘Gimme some truth’: “Lo único que quiero es la verdad; sólo dame un poco de esa verdad".









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