martes, 27 de noviembre de 2012

VIOLENTAMENTE PACIFISTA



Constantemente narraba su vida de distintos modos. A veces su padre lo abandonaba antes de nacer y en otro relato cuando tenía varios años. En algunas ocasiones viajaba en tren y en otras a pie. Facundo Cabral contaba los mismos sucesos pero de forma diferente. No obstante la esencia siempre coincidía, así que bastaba con que las historias estén bien recitadas para darlas por ciertas. “Estoy cansado de la sinceridad, prefiero el ingenio”, escribió alguna vez el trovador y es que para entrar a su mundo, es necesario entender que el arte de mentir no es más que un recurso retórico.

Facundo nació en La Plata - Buenos Aires (Argentina) en una fecha imprecisa, ya que su madre lo inscribió en los registros cuando tenía siete u ocho años de edad. Por este motivo él siempre decía: “Cuando me preguntan que signo soy les digo que le vayan a consultar a mi vieja”. Además, ante la ley fue Rodolfo -como su padre- pero su madre lo anotó con ese nombre, puesto que en aquella época de 1937 los nombres de los caudillos como Facundo Quiroga estaban prohibidos.

Me gustan los que se callan y me gustan los que cantan.
Y de tanto andar conmigo me gusta lo que me pasa.
Fue mudo hasta los nueve años, los médicos diagnosticaron que sufría de debilitamiento mental. Al parecer solo era su espíritu rebelde que se negaba a hablar de forma rotunda. En 1946 los Cabral llegaron a la Patagonia, sin embargo otra vez el pequeño de la familia hizo lo que creyó conveniente. Facundo había escuchado que Perón estaba dando trabajo a los pobres, así que fue a Buenos Aires a pedírselo.

Arribó a la capital pero el presidente se encontraba en La Plata. Con mucha suerte se dirigió a su ciudad de origen. Aquel día, Facundo burló el cordón de seguridad y logró entrevistarse con el mandatario. El niño le pidió trabajo, a lo que Eva Duarte de Perón muy emocionada respondió: “Por fin alguien que pide trabajo y no limosna”. A consecuencia de esta intervención, Facundo consiguió laburo para Sara y refugio para su familia en una escuela de Tandil, al sur de Buenos Aires.

“Un día llegué a Tandil y conocí a un anciano que a falta de inteligencia, se le dio por ser muy sabio. Le pregunté por Jesús una noche al lindo viejo y ahí mismo lo conocí; cuando me alcanzó un espejo”, frase que Facundo Cabral interpretaba en su emblemática canción ‘No soy de aquí, ni soy de allá’. Esta letra resume gran parte de sus vivencias, en la que describe la transformación del adolescente problemático a causa de la indiferencia de su padre, hasta el joven que gracias a los consejos de un jesuita en uno de los tantos reformatorios pudo mirar el horizonte de manera distinta.

Trabajó en el campo durante las temporadas de cosecha, se contactó con los cantores de milonga, esos ‘áridos juglares’ que marcaron a fuego su futuro artístico. Facundo con veinte años y una guitarra entre sus manos, aprendió los acordes que lo acompañaron y entretuvo a los peones con cantos anarquistas.

En 1959, Cabral subió al escenario del Hotel Hermitage, porque uno de los músicos secundarios había faltado. “Ah, me acordé de algo que decía mi madre: Cuando no sepas qué decir, decí ‘no sé que decir’. Entonces subí y dije: ‘No sé que hago acá, yo entré a pedir trabajo, me dieron un cuarto, comí como un animal, no hablé por teléfono porque no tengo a quién llamar…’. La gente se reía, pensaba que yo era un comediante. Vi que había respuesta, igual que con los campesinos, y empecé a contar historias. Ahí comenzó mi carrera artística”.

Se estima que Cabral recorrió más de 165 países. Comenzó su trayectoria musical bajo el apodo de ‘El Indio Gasparino’. En la década del 70 emigró a Europa, donde se hizo más conocido que en su país. Facundo mencionó en un reportaje: “Creo que me venían a ver como acá iríamos a ver a un indio que toca algún instrumento raro”. En 1984 regresó a Argentina con un nombre consagrado, no obstante recién después de diez años comenzó una gira internacional. Se presentó junto a Alberto Cortez en “Lo Cortez no quita lo Cabral”, uniendo humor y poesía.

“Me gusta andar pero no sigo el camino, pues lo seguro ya no tiene misterio. Me gusta ir con el verano muy lejos, pero volver donde mi madre en invierno. Y ver los perros que jamás me olvidaron y los caballos... Y los abrazos que me dan mis hermanos. Me gusta, me gusta”. Le gustaba tanto cantar, beber, reír y filosofar. Fue víctima de un atentado aparentemente dirigido al empresario Henry Fariña, sin embargo el cuerpo de Facundo recibió toda la carga. Así el 9 de julio de 2011 dejó abruptamente esta vida pero -según sus creencias- comenzó otra.



Yo creo que la crítica social y su postura ‘violentamente pacifista’ fueron los factores principales para que la voz de Facundo se apague cuando aún no lo conocía.                                                                                                       

miércoles, 14 de noviembre de 2012

AMO EL FÚTBOL



"Creo que me gusta el reggae, por el fútbol"
Yaz


Cualquier espacio complacía a sus piernas, mientras hubiera una pelota. Podía ser la habitación de un hotel, detrás de un escenario o en un parque. Bob Marley, un hombre jamaiquino, de cabellos largos y piel cobriza. Escribía sus canciones en sus viajes, cuando se levantaba al amanecer, para correr y jugar al fútbol. Llegó a ser considerado un profeta del movimiento rastafari, la llave para que la música reggae se masificara, usándola como medio para proponer una mejor forma de vida.

Es extraño. Nunca creó versos sobre gambetas. El gol no estuvo presente en ninguna de sus melodías ofrecidas a Jah; ni rindió tributo a Pelé, a quién admiraba. Jamás le dedicó una canción, pero el más famoso intérprete de reggae siempre lo practicó. Robert Nesta Marley no podía vivir sin fútbol. Y moriría por él.

“Fútbol es un arte, un mundo total. Un universo en si mismo ¡Amo el fútbol, porque exige gran habilidad! ¡Libertad! ¡El fútbol es libertad!”. Marley lanzó su primer álbum en 1963, pero aprendió a controlar el balón antes de afinar la guitarra y ensayar con su voz rasposa. Sus biógrafos cuentan que antes de formar ‘The Waillers’ era mucho más jugador que cantante. Sin embargo, eligió lo segundo.

Tanto se entregaba a este deporte que se enfermó de él. Bob, jugaba como volante creativo recostado por izquierda. En 1978, en un partido en el Battersea Park en Gran Bretaña, recibió una fuerte pisada del periodista Danny Baker. Debido a su religión, no se trató la herida en su dedo pulgar del pie y se infectó. La única solución que encontraron los doctores fue cortar la zona contaminada, no obstante Marley siempre respondió: ‘Mi religión no aprueba la amputación. Yo no dejo a un guerrero desarmado’. La llaga se pudrió y avanzó como un cáncer que fue consumiéndolo sin cesar, hasta alcanzar sus pulmones y el cerebro. Dejó que el fútbol y sus creencias infectaran su cuerpo. Tres años después de la lesión, se apagó su voz, pero nació el mito.

martes, 6 de noviembre de 2012

MISTER LENNON



"Aún lloro cada vez que escucho Imagine, es como si lo tuviera a lado. Toda mi juventud la dediqué a la bohemia,  junto a él" (El señor que me vende los LP en Quilca)


Vivo o muerto siempre será inmortal. Escucharlo es inevitable, incluso hasta el más despistado se daría cuenta del dolor placentero que sentía al cantar. El contorsionismo de su rostro reflejaba la pasión con la que interpretaba cada nota musical. Han pasado 32 años de la muerte de John Lennon (1940-1980) y su dulce voz aún sigue penetrando en los tímpanos más recios.

"Yo no tengo miedo de vivir en Nueva York. A mí nunca me han atacado, nunca me han molestado. Lo único que me pasa es que, de vez en cuando, alguien me detiene en la calle para pedirme un autógrafo. Y eso para mí no es molestia. Al contrario, me hace sentir bien...”, palabras que en su momento pasaron desapercibidas. Su espigada postura, lentes redondos y ropa holgada hacía de él alguien extrovertido. Sin embargo, no solo era el físico, también sus pensamientos y declaraciones que en aquella época no tenían un lugar privilegiado.

Los rítmicos (traducción de The Beatles) eran asediados continuamente. La adoración que despertaban sus integrantes era extrema. Cada canción superficial, las que hablaban de amor y más amor banal era un éxito rotundo, de repente ese fue el detonante para que John dejara la agrupación en 1970.

No obstante en 1966, catorce años antes del asesinato, John Lennon firmó -lo que muchos piensan- su sentencia de muerte. En el periódico ‘The Evening Saturday’, se difundió una entrevista realizada por la periodista Maureen Cleave, donde John acotó: “El cristianismo se irá, se desvanecerá y se hará más pequeño. No necesito discutirlo. Estoy en lo correcto y lo probaré. Los Beatles somos más populares que Jesucristo en este momento”.

Mientras el ex Beatle afianzaba su ego, en Atlanta había un niño cristiano de once años llamado Mark David Chapman que empezaba a transformar su fanatismo en rencor. Este personaje nació en Fort Worth, Texas  (1955). Tuvo una vida muy problemática, cuando fue adolescente huyó de casa y acabó sometido bajo los estupefacientes. Chapman admiraba mucho a Los Beatles y trataba de imitarlos junto a su banda. En 1977 intentó suicidarse, sin embargo recurrió a ayuda psiquiátrica.

Semanas antes del asesinato, Mark David Chapman planeó y calculó todo lo que haría el 8 de diciembre de 1980. Aquella fecha esperó todo el día a fuera del Edificio Dakota, lugar donde años atrás Roman Polanski filmó la película ‘El bebé de Rosemary’.

A las 5 de la tarde de aquel fatídico día, John y Yoko salieron de su domicilio rumbo al estudio de grabación Record Plan. Cuando de pronto un joven alto y robusto se acercó a John con una copia del disco ‘Double Fantasy’ y le pidió que se lo firmara. John muy amablemente accedió a la petición de Chapman. Así autografió su último disco, este hecho fue capturado por Paul Goresh, un fotógrafo aficionado.

La pareja se dirigió al estudio, donde permanecieron más de cinco horas. Esa tarde, John grabó su último suspiro melódico, el cual decía: “En la cuerda floja, estoy pagando el precio. Lanzaré los dados al aire ¿Por qué debemos aprender de la manera difícil y jugar el juego de la vida con el corazón?”. Letra que pertenece a la canción ‘Walking on thin ice’, pero se sospecha que es un sencillo de la autoría de Yoko Ono.

A las 10:50 de esa fría noche,  Lennon y Ono regresaron a casa. Yoko se adelantó y pasó por el costado de Mark, a quien saludó gentilmente. John llegó cansadísimo del estudio y solo miró de reojo a su asesino. La pareja estaba por ingresar al edificio y desde la desierta calle se escuchó una voz gruesa que susurraba muy fuerte: “Mister Lennon”. Al mismo tiempo Chapman disparó cinco tiros, de los cuales cuatro le cayeron en la espalda y el hombro, mientras que el último fue la desgracia total, ya que le atravesó la aorta, lo que causó la temprana muerte de este genio musical.

Mark David Chapman permaneció de pie, mirando la escena. Extrajo el libro ‘El guardián del centeno’ -del cual dicen que fue su inspiración para el asesinato- e intentó leerlo pero no lo consiguió, ya que poco a poco los curiosos iban colmando la Calle 82. La ambulancia demoró en llegar, así que un agente policial identificado como John Moran decidió trasladarlo al hospital en su patrulla. John Lennon llega al nosocomio Roosevelt y a las 11:20 fue declarado muerto.

La histeria que despertó este asesinato fue mundial, se apagó su voz pero nació el mito. Los motivos de la muerte aún no quedan claros, se tejen varias sospechas, una de estas es la narrada. No obstante como dijo el mismo Lennon en ‘Gimme some truth’: “Lo único que quiero es la verdad; sólo dame un poco de esa verdad".