lunes, 15 de julio de 2013

UNA VEZ MÁS

Fotografía: Mundo Psicodelia

"Es una vaina viajar en El Metropolitano, cualquier huevón te mete la mano"
Una de mis amigas.


Una vez más. La misma incómoda situación matutina en la Estación Naranjal de El Metropolitano. Trabajadores molestos, escolares dormidos y universitarios nerviosos se apresuran por pasar su tarjeta. El pasaje está establecido, solo queda acatar.

Deja atrás el protocolo de cobranza y comienza a sacudir el letargo. Largas colas se forman mientras el tiempo se acorta. El bus no aparece y la impaciencia acrecienta. La ira se desata con cada personaje inescrupuloso que intenta romper filas.

La tensión sube al divisar el grisáceo ómnibus que se acerca lentamente al borde del andén. La estabilidad de la figura humana se quiebra cuando la máquina abre sus puertas. Empujones, gritos ahogados y caras de pocos amigos percibes entre la línea amarilla que separa el bus con la vereda.

La capacidad permitida del autobús rebasa conforme se estaciona en los paraderos. Una vez adentro no se te ocurra moverte de tu sitio, puede que ya no lo encuentres vacío en tu siguiente reacción. Abre las ventanas, a esas horas de la mañana los olores se impregnan con facilidad.

Mira a tu alrededor, cualquier palomilla observará con mucha atención tu mochila, cartera o bolso. El blanco más asequible serán los jóvenes abstraídos en la música que emanan sus audífonos, escolares cabeceando contra la ventana, señores hundidos en la lectura de sus periódicos, señoritas tratando de delinearse los ojos y ancianos postrados en los asientos colorados.

Es casi imposible salir de ese odioso transporte pero si lo logras, primero chocarás con cuerpos sudorosos causados por la aglomeración. No hay de otra, acelera el paso, sino te pasarás de estación y tendrás -una vez más- que repetir el plato.